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Cuando el mareo da miedo: cómo la ansiedad puede mantener el círculo del mareo

Por D. Álvaro Chaves Sánchez

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Por qué el mareo puede persistir tras un problema vestibular: cómo la ansiedad, la hipervigilancia y la evitación lo mantienen, y qué se trabaja en terapia.

El mareo es una experiencia real y puede tener diferentes causas. En algunas personas aparece después de un problema vestibular y, aunque este haya mejorado, determinadas sensaciones pueden permanecer o reaparecer.

Es entonces cuando surge una pregunta frecuente en consulta: “Si me han dicho que no tengo nada grave, ¿por qué sigo sintiéndome así?”. La respuesta está, en ocasiones, en la interacción entre el sistema vestibular, la atención, las emociones y la forma en que interpretamos las sensaciones corporales.

Cuando el cuerpo sigue funcionando como si hubiera peligro.

En consulta encuentro con frecuencia personas que saben racionalmente que el mareo no es peligroso, pero que, cuando aparece, reaccionan como si lo fuera. Una paciente lo expresaba de una manera muy clara: sabía que aquella sensación no implicaba necesariamente un peligro, pero su cuerpo seguía activando la alarma.

Esto puede ocurrir porque, después de experiencias intensas de mareo, el cerebro aprende a prestar mucha más atención a cualquier señal relacionada con el equilibrio. Una pequeña sensación de inestabilidad, un movimiento de la cabeza o un cambio visual pueden empezar a recibir mucha más atención que antes. Y cuanto más vigilamos, más detectamos.

El círculo del mareo.

En estos casos puede establecerse un círculo: Mareo → preocupación → ansiedad → mayor atención al cuerpo → más sensaciones → más preocupación. A esto puede añadirse la evitación.

Si una persona empieza a evitar conducir, salir sola, determinados movimientos o lugares donde anteriormente se mareó, puede sentir alivio inicialmente. Pero ese alivio también puede enseñar al cerebro que evitar era necesario.

En una de las personas que he acompañado, por ejemplo, trabajamos sobre actividades que le ayudaban a sentirse segura, pero que también funcionaban como una forma de no prestar atención al mareo. La pregunta terapéutica fue sencilla: “¿Estoy haciendo esto porque quiero hacerlo o porque necesito hacerlo para sentirme segura?” Esa diferencia puede ser fundamental.

El objetivo no es vivir sin ninguna sensación.

La intervención psicológica no consiste en decirle a una persona que “el mareo está en su cabeza”. Tampoco se trata únicamente de aprender técnicas de relajación. El objetivo es comprender qué está manteniendo el problema y trabajar sobre variables modificables: la interpretación de las sensaciones, la hipervigilancia, las conductas de seguridad, la evitación y la recuperación progresiva de actividades.

Por supuesto, esto debe integrarse con la valoración médica y, cuando sea necesario, con la rehabilitación vestibular. Porque recuperarse no siempre significa conseguir que desaparezca cualquier sensación. A veces significa poder decir: “Puede que aparezca el mareo, pero ya no necesito organizar mi vida alrededor de él.”

Y quizá ese sea uno de los objetivos más importantes del tratamiento: que el mareo deje de decidir lo que puedes o no puedes hacer.

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D. Álvaro Chaves Sánchez

Psicología · Psicólogo General Sanitario

Número de colegiado: B-03991 PSICOLOGIA · Colegio de Psicólogos de las Islas Baleares

Soy Álvaro Chaves, psicólogo sanitario, y entiendo la terapia como un espacio en el que poder parar, entender qué está pasando y empezar a recuperar aquello que quizá la ansiedad, el miedo, el estrés o una etapa difícil han ido limitando. Para mí, cada…

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